Un llamado a los adultos
Desde que la ONU proclamó el Día Mundial de las Habilidades de la Juventud en 2014 hasta este turbulento 2026, la conmemoración ha dejado de ser una efeméride institucional para convertirse en el escenario de una emergencia histórica. Durante décadas, los adultos han administrado las riquezas del planeta bajo un modelo de consumo voraz y negligencia ambiental, exprimiendo hasta la última gota los recursos. Ahora que la casa está en llamas, entregan un balde vacío, aplauden a los jóvenes por su "resiliencia" y exigen que lideren la transición ecológica con sus propias manos. No es que les falte voluntad, es que se enfrentan a una disrupción tecnológica y ecológica sin precedentes.
La base de esta pirámide de desigualdad es aún más oscura en la educación: 273 millones de niños y jóvenes están marginados de la educación básica; en algunas naciones, menos del 1% de las mujeres jóvenes de zonas rurales logra terminar la educación secundaria. Antes del año 2030, el 22% de los puestos de trabajo que conocemos habrán mutado por completo y el 40% de las habilidades laborales que hoy se enseñan ya no servirán en el mercado real. Es completamente lógico y justificado que el 86% de los estudiantes confiese sentirse aterrado y sin preparación frente a un entorno dominado por la inteligencia artificial. Esta brecha formativa no es una derrota individual de ustedes, los jóvenes; es un fracaso sistémico de los adultos, quienes hoy mantienen a 450 millones de jóvenes económicamente marginados a nivel mundial. Para 2030, prometen 8 millones de empleos verdes y azules, pero esto no resolverá la problemática si esos puestos no llevan indexados salarios justos, equidad absoluta, entornos de desarrollo y prestaciones sociales adecuadas.
No basta con que los jóvenes sigan irrumpiendo en las mesas de diseño de políticas públicas si no son escuchados y, menos aún, si sus peticiones no llevan adjunto el presupuesto respectivo. El avance económico, educativo, ecológico, de salud, político y cultural se enfrenta sistemáticamente a un muro de inacción gubernamental y privada, porque los adultos se niegan a abrir las cúpulas. Frecuentemente se oye decir a los líderes quincuagenarios que ya toca el relevo generacional, pero este aún no llega.
Organismos internacionales y adultos se escudan detrás de un discurso macroeconómico triunfalista, celebrando que la tasa global de desempleo juvenil ha bajado al 13%. Lo que ese número oculta es una precariedad intolerable. Hoy, uno de cada cinco jóvenes está completamente excluido del sistema, sin estudiar ni trabajar, una prisión estadística que castiga con el doble de fuerza a las mujeres. Para quienes logran entrar al mercado laboral, la promesa de la prosperidad es incierta: en los países de ingresos bajos, tres de cada cuatro jóvenes están atrapados en la informalidad, sometidos al subempleo y despojados de sus derechos fundamentales.
¿Y qué decir de los puestos ejecutivos? A nivel regional, las plataformas laborales describen el siguiente panorama: los millennials ocupan el 44% de las sillas ejecutivas; la generación X, el 48% de los liderazgos; y los baby boomers, únicamente el 6% restante en el entorno corporativo activo. Los verdaderamente jóvenes (menores de 40 años), integran apenas el 3% de las cúpulas directivas en las corporaciones de gran escala, donde la edad media general de los nuevos directores ejecutivos ronda los 54 años. En el ámbito político ocurre algo similar: las Cámaras de Diputados y de Senadores son ocupadas por un deshonroso porcentaje menor al 3% de jóvenes entre 18 y 29 años al momento de tomar posesión.
Este es un ultimátum para líderes, empresarios y tomadores de decisiones: es hora de financiar masivamente la educación y entregar recursos tangibles. Esto no es un acto de caridad, sino el pago atrasado de una deuda ética ineludible. Los adultos se han beneficiado de los sistemas que fracturaron el planeta; ahora toca pagar la cuenta para que los jóvenes puedan construir con las herramientas necesarias y sanar el mundo que nosotros mismos nos encargamos de deteriorar.
Y a ti, joven, que formas parte de ese afortunado 3% que se encuentra en la toma de decisiones: no quites la escalera para que otros puedan subir.
Ana Lisa

