Reescribiendo CDMX

 

DEL PRESAGIO AL DECRETO: EL LINAJE TERRITORIAL Y LA COSMOVISIÓN DE UNA URBE

Hablar de la Ciudad de México es remontarnos a su misticismo urbano, pues sin su cosmovisión es difícil entender esta gran Metrópoli.  A sólo diez años de consolidarse como la Entidad Federativa 32, repasemos tres hitos de su linaje territorial, para después mencionar el inicio de lo que sería su soberanía y derechos propios.

Los dos primeras venturas tienen que ver con el diseño sagrado. La instauración de Tenochtitlan (1325), transformó a un grupo errante en dueños del mundo mesoamericano. La historia espectacular sobre la búsqueda de un símbolo divino: el águila triunfante sobre el nopal devorando una serpiente, otorgó a los mexicas (incluso hasta nuestros días), una identidad inquebrantable, utilizando este orgullo como el motor principal del dominio territorial. Sin embargo, esa misma espiritualidad marcó su destino: las profecías determinaron el colapso frente a la conquista:  “El 13 de agosto de 1521 cayó en poder de Cortés, a partir de entonces surgió la Nueva España y nació el México de hoy”, menciona el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma. Lo que en su época cada uno comprendió tal cual mensaje divino; percibidas éstas como leyendas, ambas dejan de serlo al tener sustento verídico con pictogramas la primera y escritura la segunda. Dos deidades a quien responder, un sólo camino, un único destino; de este encuentro surgió un mestizaje de saberes: medicina, gastronomía, arquitectura, arte, textiles, etcétera, generando una riqueza incalculable y un acervo de tradiciones que hoy definen nuestra identidad inexorable.

El tercer momento fue el quiebre jurídico, ese que apuesta por lo que se cree como el deber ser según el tiempo presente: al terminar de manera oficial el Primer Imperio Mexicano, la Constitución de 1824 estableció la Primera República Federal, y fundó el Distrito Federal (18 de noviembre de 1824) albergando los Poderes de la Unión, iniciando un largo periodo bajo el estatus federal y la tutela centralista.

EL DESPERTAR DEMOCRÁTICO: EL PLEBISCITO DE 1993 Y LA INSURRECCIÓN CIUDADANA

Como todo hecho histórico, la emancipación del poder económico y político parental no estuvo libre de conflictos, los hubo, varios y variados. La ciudad, centro de inquietudes, buscaba su propia autonomía democrática. En la crónica de nuestra transición, el acuerdo multipartidista y la participación civil fueron los verdaderos protagonistas:

*Tres fuerzas políticas de mayor votación del momento, poniéndose  de acuerdo para realizar un plebiscito con mira a realizar la Reforma Política del Distrito Federal

*Seis legisladores convocando: Demetrio Sodi (PRI), Alejandro Rojas (PRI), Amalia García (PRD), Pablo Gómez (PRD), Pablo Jaime Jiménez Barranco (PAN) y Patricia Garduño (PAN)

*Personalidades formando un Consejo Ciudadano en apoyo al plebiscito, coordinado por Federico Reyes Heroles

*Mesas instaladas por la ciudadanía en lugares públicos

*El cómputo a cargo de la Fundación Arturo Rosenblueth, dirigida por Enrique Calderón Alzati

El hecho histórico, tras años de lucha , se cristalizó en el Plebiscito ciudadano del 21 de marzo de 1993. Los resultados fueron contundentes: un 85 % exigió que sus gobernantes fueran elegidos por voto directo y que la capital contara con un poder legislativo propio. Este acto de voluntad colectiva fue el motor de la reforma política que permitiría a la ciudad, finalmente, caminar por cuenta propia.

LA METAMORFOSIS FINAL: HACIA LA AUTONOMÍA PLENA Y LA CONSTITUCIÓN DE LA CDMX

Las atribuciones con los otros estados eran diferentes para nuestra ciudad; pues ser sede de los Poderes de la Unión, no tenía porque no concurrir con los mismos derechos. La reforma aprobada el 21 de octubre de 1993 con entrada en vigor el 25 de noviembre de ese año, es un eslabón fundamental (y a veces olvidado) en la cadena que culminó con la reforma política de la hoy Ciudad de México. Fue el primer hecho que rompió casi dos siglos de subordinación al pacto federal, seguido por la publicación del Estatuto de Gobierno del Distrito Federal el 26 de julio de 1994, guía del nuevo transitar: Antes la ciudad era gestionada por un regente nombrado por el presidente de la República, tras este “despertar” , se dotó de facultades reales a la Asamblea legislativa y se delineó una estructura de soberanía interna. Se estableció que la transición sería gradual: entre los ejes principales se requería cumplir con:

*Autonomía, leyes propias y Constitución.

*Gobernantes propios y estructura: Jefe de gobierno y alcaldes con un concejo; elegidos mediante voto universal, libre y directo por los ciudadanos, con rendición de cuentas.

*Régimen fiscal y patrimonial propio, facilitando la gestión de recursos de la recaudación federal.

La evolución culminó con la firma del "Pacto por México" el 2 de diciembre de 2012, y la promulgación de la reforma un 29 de enero de 2016, por el presidente Enrique Peña Nieto; el nombre oficial dejó de ser Distrito Federal para recuperar su esencia: Ciudad de México. Este hecho no fue un capricho lingüístico, sino el acto de recuperar una identidad confiscada. El proceso cerró con la creación de la Constitución de la Ciudad de México, redactada por una Asamblea Constituyente, que transformó el régimen administrativo.

Hoy a diez años de su último gran cambio, la ciudad retorna a su origen. Cambiar el nombre fue cerrar el ciclo de siete siglos. La paradoja de su evolución nominal:

1) Ciudad-Estado México-Tenochtitlán (1325 – 1521),

2) La muy noble, insigne y muy leal Ciudad de México (1521 – 1821),

3)Ciudad de México; Imperio y Primera República, (1821 – 1824),

4) Distrito Federal  (18 de noviembre de 1824 – 2016), y

5)Ciudad de México (29 de enero de 2016 – actual).

Nuestra Ciudad se reinventa, demostrando que aquella gran Tenochtitlán,  en calidad de entidad soberana sigue pareciendo cosa de encantamiento ya lo dijo Bernal Díaz del Castillo (1521), de forma tal nombrada también “Ciudad de los palacios”, en palabras de Charles Joseph La Trobe (1834). La Ciudad de México no es solo el resultado de una demarcación territorial, sino la síntesis de una metamorfosis histórica: una urbe que nació de una cosmovisión mística, se emancipó mediante la soberanía ciudadana y se consagró en una autonomía jurídica que hoy le permite, tras siete siglos, volver a pronunciar su nombre con libertad.

Ana Lisa

 
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