Rosca de reyes 🤴🏼🤴🏻🤴🏿

 

"Para todo mal, Rosca de Reyes; y para todo bien, también".

En nuestro querido México el seis de enero celebramos el Día de los Santos Reyes Magos, un día tan peculiar para los niños, donde en su gran mayoría tendrán un juguete que les han traído los Reyes Magos.

Y como toda celebración en nuestro País, no sólo festejamos con la memoria, sino también con deliciosos platillos tradicionales. Para este día tan especial, la fiesta debe de ir acompañada con una tradicional Rosca de Reyes: pan esponjoso con sabor a  huevo, mantequilla, “costras” de Conchas, frutas secas de acitrón, higo y cerezas; sin olvidar que dentro de la masa reposada han colocado figuras de plástico que asemejan a un niño pequeño, éste en la alegoría de la Epifanía representa para los católicos mexicanos un Niño Dios, un Jesús Nazareno; pues al cortar tan refinado bizcocho hay alguna probabilidad, de que entre sus blandos ingredientes esté arropado un Niño Dios, que al poseerlo tendré la “obligación” de ser partícipe de otro pretexto gastronómico: cumplir para festejar con tamales el dos de febrero, día de la Virgen de la Candelaria. Celebraciones que según crónicas la datan desde la época Colonial.

Es esta fusión de ingredientes, sabores y colores lo que hace de la Cocina Mexicana unas de las más suculentas del mundo. No por ello el 16 de noviembre de 2010 la UNESCO decidió nombrar a la gastronomía mexicana como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, y así la Secretaría de Turismo decretó esta fecha como Día Nacional de la Gastronomía Mexicana. Para el 4 de agosto de 2015 en la Ciudad de México el entonces presidente de la república Enrique Peña Nieto, presentó la Política de Fomento a la Gastronomía Nacional, con la intención de incentivar y detonar aún más el crecimiento de la gastronomía mexicana. Que dicho sea de paso, no estuvo mal darle un empujoncito más; después de ello la importancia en los escaparates internacionales han ido en aumento, y conociéndose más nuestra cultura gastronómica, esta fusión de aromas y texturas de la que formamos parte al dar continuidad, con los placenteros festines que todo mexicano lleva tatuado.

Es aquí donde deseo detenerme a agradecer a aquellas talentosas (principalmente) cocineras de antaño, la dedicación y el aprendizaje continuado de sus antepasados, siglos que han hecho de nuestra escuela gastronómica, un tesoro que ha sucumbido ante cualquier embate natural y/o humano que se ha presentado, saliendo avante con el recuerdo victorioso de lo que nos ha unido como comunidad y que ahora en su madurez trasciende los confines allende el mar.

La permanencia de nuestras recetas tradicionales a través de los siglos no es obra del azar, sino del compromiso inquebrantable del rigor, respetando con absoluta fidelidad las mezclas e ingredientes exactos que les dieron origen. Por esta razón que nuestra gastronomía debe prevalecer fundamentada en sus ingredientes originales y en aquellas técnicas culinarias ancestrales que constituyeron su esencia. Considero que alterar o distorsionar estos pilares es más que un cambio estético; es una vulneración a la tradición que nos define, a ese hito cultural que equilibra con elegancia notas dulces, amargas, agrias y profundas en una exquisitez única al paladar.

La innovación es, sin duda, un motor de evolución necesario; sin embargo, esta debe coexistir sin trastoquear aquellas mezclas sensatas y de proporciones originales que, por su perfección y equilibrio, podríamos calificar como cuasi divinas.

La vigencia de nuestras recetas emblemáticas a través de los siglos encuentra su razón de ser en la disciplina y el respeto absoluto hacia sus ingredientes y procesos originales. Es esta fidelidad la que ha permitido que el legado permanezca intacto frente al paso del tiempo.

Si bien la creatividad contemporánea nos permite explorar nuevas propuestas, como bizcochos rellenos inspirados en la estética de una Rosca de Reyes o de un Pan de Muerto, es imperativo hacer una distinción clara en su denominación. Por respeto a la herencia que recibimos, sugiero preservar los nombres originales exclusivamente para aquellas piezas que siguen la técnica milenaria.

Estas suculentas recetas han sido transmitidas de generación en generación como un tesoro cultural que merece ser entregado a los futuros mexicanos en su forma más pura. Honremos la innovación sin desplazar la historia, asegurando que la esencia de nuestra tradición culinaria no se desvanezca en la distorsión, sino que prevalezca como el hito de identidad que nos define.

Ana Lisa

 
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